Monday, June 26, 2006


El amarre del sol

Los pueblos originarios sabían que la noche de San Juan era la más larga del año. Según su cosmogonía, el mismo día en que para nosotros formalmente comienza el invierno, para ellos se iniciaba un nuevo ciclo.

Cuando la noche más larga del año amenazaba con devorarse la luz, muchas de las antiguas culturas "ágrafas" (1) celebraban la ceremonia del "amarre al sol". A través de un acto simbólico, caracterizado por una profunda conexión con la tierra y el cosmos atraían, durante este día, la luminosidad y la energía solar que amenazaba a declinar durante el período invernal.

Con este rito de amarre los pueblos originarios sacramentaban su conexión con el universo y manifiestaban su fe -y más aún, su convicción- de que el mundo se renueva periódicamente. Tal como al día le sigue la noche, y a la escasez la abundancia, la luz se oculta antes de dar paso a un nuevo y transitorio renacer.

Este se verá manifestado más tarde en la primavera, estación en la cual los la cosmogonía definitivamente resurge y se manifiesta a través de los primeros brotes arbóreos. La ocasión, para los "ágrafos", daba pie para llevar a cabo la fiesta de la resurrección. En ella el líder tribal visitaba ceremonialmente a los demás integrantes de la tribu, portando una rama con un brote verde, símbolo inequívoco de la renovación de la cosmogonía (2) de la cual estaban en presencia.
"We Tripantu", el año nuevo mapuche

El año nuevo, celebrado recientemente por la etnia mapuche, no sólo representa la concepción de ‘tiempo circular’ que ancestralmente caracterizó a éste y a otros pueblos agrícolas; sino que vino a reafirmar -una vez más- la creencia en que el hombre no sólo es una entidad pasiva, sino que puede interactuar y provocar cambios -mediante elementos místicos y simbólicos- en el medio circundante.

La celebración es una forma de comunión mediante la cual se espera el rejuvenecimiento, la renovación y el paso a una nueva etapa. Una forma genuina en la cual la nación mapuche se sincroniza con el tiempo cósmico, junto a la cual vuelve al origen y también se proyecta.
Luego de celebrar el "We Tripantu" llueve. Ha comenzado un nuevo ciclo en el cual la luz sigue estando presente, pero desde las antípodas. Aunque su intensidad es menor, el cambio generará las condiciones para que la tierra renazca y, junto a ella, lo hagan también las cosechas, los frutos, el alimento.

Dentro de las ‘hierofanías’, que son las representaciones de lo sagrado, el agua es una de las más notables entre los antiguos. El agua tiene relación con casi todos los mitos fundacionales. Purifica, restablece y encierra en sí el germen de la vida. Volver al agua es regresar al origen, a ese espacio intermedio entre la energía y la forma que tuvimos antes de ser engendrados y comenzar con la reproducción celular. Tres cuartas parte del planeta, y también tres cuartas del ser humano, están compuestas de agua. Entonces reflexiono sobre lo que somos, que nuestras mareas internas responden a los cambios energéticos que ocurren en el exterior.

El mundo es un obra en escena, a tablero vuelto, donde los actores y su entorno están cargados de símbolos. Nada parece ser casual. Miro a la ventana. Aún llueve en mi ciudad. ¡¡¡Marichiweu!!!

(1) Forma en la que el antropólogo Claude Lévi-Strauss llamó a estas culturas para diferenciarlas y ‘limpiarlas’ del término ‘primitivas’. Según él este es "el factor que los distingue de nosotros". Claude Lévi-Strauss, "Mito y Significado". Alianza Editorial, 1990 (primera reimpresión)

(2) Mircea Eliade explora con profundidad este tema en "El chamanismo y técnicas arcaicas del éxtasis", de editorial Fondo de Cultura Económica.

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