Friday, August 18, 2006


La Máquina del Tiempo

Los "Time Machine" tocaron el viernes pasado en "El Valle", un restorán que tiene una propuesta interesante en la calle Vicuña Mackenna. Un punteo de "Still loving you", la balada power de Scorpions, me devolvió algunas imágenes de mi pasado cercano. Reparé entonces en el nombre de la banda-"La Máquina del tiempo"-, una expresión tan apropiada para nuestra ciudad-aldea.


Una simple caminata por Melipilla puede ser hoy un viaje lleno de emoción. Una vez Manuel me relató con detalles cómo conoció a su mujer y compañera en la disco "Casona", hace algunas semanas cuando recién comenzaron a cavar aquella promesa comercial de futuros endeudados. Cristián aprovechó para describir la caseta de sonido que había en el lugar, donde pinchaba música y grababa a cabros jóvenes que hacían covers de los Gunr’s. Yo me acordé del piano de cola que tocábamos con unos ganchos al salir del colegio.

También patiperreando, Antonia conmemoró los días cuando comía completos con su primer pololo en el restorán que había en la esquina de Ortúzar con Valdés, mientras que Lissette contó que -hace no mucho tiempo- se compró unos muebles en un local donde funciona hoy una universidad. Una vecina -Isabel- se acordó del cine Palace y de su "pack" de películas vespertinas, y enganchó a mi abuelo que mencionó sus visitas al legendario Teatro Serrano.

En medio de la caminata, me detengo a pensar. Melipilla se expande abrupta, indiscriminada e irreflexivamente. Reparo en que todo cambia. Hace poco escuché que las cosas no valen por el tiempo que duran, sino por las huellas que dejan. Intento desde hace algunos días no vivir de los recuerdos y experimentar un cambio. Sospecho que la "re-evolución" comienza con una tremenda "revolución", con un gran cambio de estado.


Vuelvo a la música y a la "Máquina del tiempo". Creo que nada de lo que escribí antes tiene un dejo de nostalgia.

Más allá de los sueños

Escucho una canción que se llama "Mis cosas favoritas" (1) y pienso en aquellas que serían mis "imprescindibles". Imagino un viaje a un isla vacía -como en la serie de la tele- equipado sólo con una valija de mano. La memoria se abre y se llena de recuerdos. ¿Sabría qué llevar? No lo sé. Creo que no tengo nada, excepto un puñado de papeles y otro de libros. Con el I Ching me bastaría -pienso- como para intentar reconstruir, en la diáspora, algún tipo de orden; Borges sería perfecto para hacer sudar a la imaginación y para no olvidar el lenguaje; mientras que con Bolaño se podría pensar en el repoblamiento, en jugar a reinventar la escritura, la ilusión y también la neurosis. Reparo en la naturaleza solitaria de la isla.

"No puedo hacer todo solo.
Necesito una mano para clavar
mi palma derecha.
Evitar el vaivén de la muñeca
el gesto de dar vuelta la manija
en una pieza oscura.
Girar la manija en contra del reloj
y no detenerse en peces de colores
inaugurar de una vez y para siempre
el patio trasero de la casa
para que la servidumbre y la familia
martillen sus culpas sobre la madera.
Cansado estoy de observar por la cerradura
de transitar con pequeños pasos
y leer repetidas veces la palabra amor en las revistas.
Exijo que me claven el otro lado
la contratapa de mi naturaleza oscura". (2)

Recuerdo a una aldeana de este pueblo que siempre ha soñado con vivir en una tierra solitaria. Mariana -y ficciono su nombre- es un ser extraño que ni siquiera soporta a su sombra. Teje, cocina, lava, plancha y espera a su hombre en casa. Viajó en limusín, cambió las flores -como en el tema de Charly- y luego se inventó un amor.
Sufre. El miedo le atormenta. La felicidad le busca, pero es en vano. La ahuyenta y también rehuye. Aunque vive en un cuarto luminoso, se encuentra sumida en la oscuridad. Escapa de la gente, sospecha del vecino y se refugia en su aldea. Antes de invitarle, tropiezo con un poema:

"La contemplación del cuerpo crea complejos.
El truco yace en la fantasía nostálgica de la aceptación.
Sartre ve en el hecho de que la mujer esté "agujereada"
implicaciones existenciales que comprometen su vínculo.
Pero todos nos dejamos leer de vez en cuando
aunque las cacerolas sucias gastadas de los años
nos llenen de culpa, insito en el truco.
Imagine: una toalla blanca cayendo en el centro del ring"(3)

En medio de esta rueda incesante, sus sueños son el ancla. La realidad se manifiesta, casi proféticamente, en paisajes oníricos llenos de colores, aromas y visiones múltiples. Considera que leer es un acto masoquista, que genera un inenarrable tormento.

"Hace tiempo tuve un sueño, un gesto de otra vida
me cuesta recordarlo
cenábamos en los pliegues del crepúsculo
éramos dos en un mismo silencio
perfectamente divididos por una frontera indescifrable" (4)

Alguien le regaló un manual para interpretarlos. El libro se transformó en una aspirina metafísica. "Sueños: un camino al despertar" suele darme luz sobre mis imágenes internas. Intenté recomendarlo:

"Dormidos recorremos las más extrañas regiones y vivimos las más disparatadas aventuras: las más turbias y las más celestiales. San Agustín se felicitaba de no ser responsable de sus sueños ante Dios. La moral de nuestras noches no es la misma que la de los días. Los sueños derrumban las convicciones y valores aceptados por la sociedad."

"En los sueños vivimos todos los excesos. Como si allí uno pudiera consumir un excedente de pasión que no se alcanza a quemar durante el día: suicidios, asesinatos, toda la violencia. Allí es donde uno cumple las grandes amenazas." (5)

No hay una isla más lejana que las ideas, los deseos y los sueños. Viajar allí no requiere de tanto mérito. Me cuentan que Mariana no podrá llegar porque se le olvidó lo que es volar. Dicen que el dinero no compra la felicidad, sólo una rueda de causas y efectos. "Quizás nada sea cierto. Pero todo es real", asegura el poeta (6). Nada es casual, suelo pensar.


(1) "My favorite things", de John Coltrane
(2) "Viernes Santo", en "Peces de Colores". David Bustos. Lom ediciones, 2006.
(3) "Implicaciones", ibid. (Fragmento).
(4) "Las arrugas del rostro en el espejo", ibid.
(5) "Sueños: un camino al despertar. Dra. Lola Hoffmann". Malú Sierra. Editorial Antártica, 1988.
(6) En "Peces de Colores".