Alturas
Alta ciudad de piedra, sendero místico e iniciático donde la igualdad humana conecta con la plenitud terrenal y la armonía del cosmos. ¿Cómo describir lo que se siente entrar en un espacio en el que cada forma, cada figura y cada espacio, adquieren significado y sentido?
La ciudad construida a escala humana, conecta al espacio con la tierra, con los elementos y lo divino. La ciudad como cuna de historias, de leyendas y de mitos. Esfuerzo, amor, devoción y trabajo se funden en los vestigios de una cultura solar, activa y creadora que se expande por los vericuetos de Los Andes en forma lúcida, holística y cimentada.
La marca de la chakana en la piedra, en los muros, en las calles, es la brújula y espejo, el punto angular hacia el eterno retorno. En el calor de la ciudad sagrada, cerca del sol de Viracocha, en el paso final de nuestra ruta del Tahuantinsuyo, antes de emprender el regreso, se despiden el Cóndor, el Puma y la Serpiente con sigilo, desde el centro del templo. Es mucho más que la cuna del relámpago y del hombre, Neruda: es la forma más prístina de representar lo que somos, para quienes estamos, y hacia dónde vamos.
A más de tres mil kilómetros de distancia, en las cercanías de las fértiles tierras de Arauco, rindo homenaje a los centenares de silentes testigos de la grandeza del Inca, que nos enseñan a mirar hacia adentro y reconocer con orgullo que somos gente de la tierra.

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