Regresión
Sentado en el útero cálido de mi guía que me acoge, vuelco mis pasos hacia tierras extrañas. La voz de la maestra inicia un relato del que me mantengo ajeno, un poco por temor, un poco por mi falta de creencia y de convicción. Pero de pronto la historia se aleja de las manos del narrador y se abrió enfrente.
Nunca antes una imaginería fue tan lúcida y vívida, ni las percepciones tan claras y poco difusas. Tres etapas que podrían coincidir con vidas anteriores -uso el condicional porque aún soy un escéptico- me mostraron caminos de lucha y reivindicaciones. Vi mis manos urdiendo planes para rescatar pozos de agua en el desierto y navegué junto a bucaneros trasladando alimentos para familias aisladas en un continente lejano.
¿Vi alguna vez esos rostros? ¿De dónde provienen aquellas vivencias? ¿Cuál es el mensaje, la conexión, la segunda lectura? Por lo pronto no importa. Tan sólo doy gracias –profundas y sensibles- a la maestra, María Angélica Carreño, por guiarme, un inolvidable lunes 11 de febrero, en la inenarrable experiencia de la regresión.

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