Wednesday, May 30, 2007


¿Paradoja?


"Luchamos por una Argentina donde los perros de los ricos dejen de estar mejor alimentados que los hijos de los pobres". Comedor Comunitario. Coordinador nacional, Raul Castells.
Esto, en medio del ultra-turístico-for export- Puerto Madero. Paradojas? No. Es la república argentina.

Monday, May 28, 2007


Baires, -1º C, sensación térmica


No se siente frío porque digan que hace frío. Lo sentimos cuando lo que ocurre afuera es menos cálido que lo que pasa al interior. Es extraña esta ciudad. Anunciaron -1º de sensación térmica y debo confesar que, si bien no hubiese andado en pantalón corto, no sentí ni un sorbo de incomodidad. Baires es cálida y vetusta. Nunca falta en ella qué hacer, ni con quien conversar. Los argentinos -campeones en terremotos políticos, como dijo un amigo-, no escatiman en adjetivos al hablar de sus autoridades, y son capaces de opinar aunque redunden en dos o tres ideas básicas. Dentro de pocos días habrá elecciones para decidir quién será el responsable de encabezar las propuestas de aseo y ornato para la ciudad de Buenos Aires. Los electores son volátiles e inestables, y sus candidatos no responden al calificativo "confiables". La onda polar, en tanto continúa. Habrá que esperar a que el frío se marche y que vuelva la humedad. Mientras tanto enciendo un cigarrillo y continúo conversando, mientras mi voz se toma los espacios pequeños a través de los cuales se cuela como aire por mi bufanda.

Asuntos públicos, vida privada

Piense en una ciudad en la que el transporte esté en manos de privados que no permiten la competencia seria, que regulan los precios a merced –y con usura- y que vulneran indiscriminadamente los derechos de sus trabajadores. Una ciudad en la que algunos insumos vitales básicos están también en sus manos, además de uno que otro mercado y los comercios que venden actividades para ocupar los minutos de ocio. No parece difícil pensar que esta realidad pueda pertenecer a alguna ciudad del norte, centro o sur de Chile. Para hacer honor a la verdad, se trata de un escenario bastante común.

No han sido pocos los inmigrantes que, buscando horizontes nuevos, llegaron al país y -con esfuerzo y trabajo- amasaron fortunas que luego legaron por generaciones. Un grupo más reducido –"selecto", si se prefiere-, laburó con sus manos limpias y logró insertarse en la comunidad en armonía. Para nuestra desgracia, el resto de ellos no sólo se transformaron en explotadores y opresores, sino estructuraron redes y monopolios que se fueron encriptando paulatina y definitivamente en el incipiente entramado muchas ciudades de este país.

Emile Dubois fue también un inmigrante. Desembarcó en las costas de Valparaíso a comienzos del siglo XX, se incrustó en la sociedad porteña y se percató de la mentada rapiña del resto de los 'allegados" a este territorio. Desde su óptica particular, consideró que la mejor forma de combatir el latrocinio y el abuso era asesinar uno a uno a los ciudadanos "respetables", los perpetradores del desfalco. Su particular visión le costó la vida –ejecutado, en manos de la justicia-, momento desde el cual comienza a urdirse una historia que el tiempo se encargó de aderezar y convertir –más pronto que tarde- en un mito urbano, un héroe y personaje de santería para un grupo de porteños.

Parte de la historia de este asesino en serie, selectivo ajusticiador de oprimidos, vengador y vigilante de la justicia social (usted puede escoger la óptica que le resulte más grata), es revisada en "La vida privada de Emile Dubois" obra publicada recientemente por Patricio Manns. El autor presenta en 37 capítulos breves en los cuales expone facetas interesantes de este conocido criminal francés, que conmocionó desde Valparaíso, a todo un país.

Wednesday, May 16, 2007


Ven a vivir esta fragilidad peligrosa de corromperse


Todo comienza en una tarde de ocio, cuando enciendo el reproductor de MP3 y escucho una grabación del poema “Bello Barrio”, de Mauricio Redolés

Descubrí un bello barrio en Santiago de Chile
Es un bello barrio en que los camaradas no han desaparecido aún y los bares son color anilina que puede leerse al revés igual.
Descubrí un bello barrio de luces antiguas y gente amable
Las mujeres son bellas ánimas aún más que una madre, atraviesan las calles en aeroplano.
Y hay avisos, y hay avisos, y hay avisos, y hay avisos antiguos envueltos en gasa y paños sencillos
Y el blues vive en la sangre y aún no ha llegado la hora de los asesinatos
Es más aún, la banda de asesinos todavía es tramitada en las fronteras del Polo Sur (...)”
Pienso en mi ciudad-aldea, en su anti-ordenamiento urbano, en lo azarosa que ha sido la distribución de la población en este pueblo, y en la desigualdad inmanente, que corrompe desde dentro.
“(...) Hay arreglos de guitarra imaginativos y tengo amores con una muchacha que es casi de este barrio.
Hay la alegría de esa utopía que nos negó este siglo
Ven a vivir esta fragilidad peligrosa de corromperse
Aquí nadie discrimina a los negros porque todos somos negros
Aquí nadie discrimina a los obreros porque todos somos obreros
Aquí nadie discrimina a las mujeres porque todos somos mujeres
Aquí nadie discrimina a los chicanos porque todos somos chicanos
Aquí nadie discrimina a los comunistas porque todos somos comunistas
Aquí nadie discrimina a los chilenos porque todos somos chilenos
Aquí nadie discrimina a los cabros chicos porque todos somos cabros chicos
Aquí nadie discrimina a los rockeros porque todos somos rockeros
Aquí nadie discrimina a los punkies porque todos somos punkies
Aquí nadie discrimina a los mapuches porque todos somos mapuches
Aquí nadie discrimina a los hindúes porque todos somos hindúes
Ven a vivir esta fragilidad peligrosa de corromperse (...)”

Reflexiono y lucubro. No sabría decir si, con todos los cambios que ha sufrido este Melipilla durante estos últimos quince años, quede por ahí un barrio bello.

“ (...) Descubrí un bello barrio en que el oxigeno es bello y puedo llorar cuando escribo
Descubrí un bello barrio donde nadie discrimina a los allanados porque todos nos hemos hallado
Ven a vivir esta fragilidad peligrosa de corromperse
Barrio donde los misterios son misterios bellos y entretenidos
Barrio donde las chimeneas echan oxígeno y la gente puede perder un paraguas, pero nadie le devuelve una metralleta, conchetumadre
Barrio en que en la tele aún sale el Perro Olivares y Cortázar y Arlen Siu y Víctor Jara y Roque Dalton y John Lennon. Están posibles con la posibilidad que vivieron (...)”

En la década de los ochenta, cuando Redolés escribía estos versos, los milicos en las calles coaccionaban a la gente. El ritmo de la metralla heredó miseria para algunos y opulencia para pocos. La realidad melipillana no quedó ajena.

“ (...) Ven a vivir esta fragilidad peligrosa de corromperse
En donde las librerías de viejos están llenas de obras que luego la memoria tendrá que someter a la fantasía
Barrio en donde los poetas aún dialogan con la muerte, de madrugada, bebiendo pisco y no se han enemistado con ella
Acá el futuro se vive en su pasado, noticias vulgares en radios vulgares
Ven a vivir esta fragilidad peligrosa de corromperse
Se llega por recorridos de micros inexistentes
Se llega por calles subterráneas
Ven a esta bella barriada a encender el ultimo fuego
amor”

Miro las calles del pueblo melipillano que me da cobijo, el mismo que se expandió al son de terratenientes y de los monopolistas que no tardaron en horadar el entramado social de la urbe. En medio de las castas que aprisionan a mi ciudad, aprieto ‘rewind’ y declamo a Redolés, de la misma forma en que rezo o suelo pronunciar un mantra.

* La Fotografía corresponde a la coronación de María Huerta, Reina de las celebraciones del 44º aniversario de la Villa Rafael Sotomayor de Melipilla.
** Poema: Fragmentos de “Bello barrio” (Mauricio Redolés 1987). Versión íntegra en:
http://uncronopio.org/quantum/article/113/bello-barrio)
http://lavquen.cl.tripod.com/mauricioredoles.htm

Sunday, May 06, 2007


Viento, detén tu camino (1)


Hace algunos años me gustaba colaborar con la radio Caricia, haciendo un programa cuando estudiaba en el colegio. Los domingo, sagradamente, a las dos y media de la tarde, caminaba por las calles desiertas del centro de Melipilla, para llegar a la emisora que se ubicaba en el edificio donde estaba también el cine Palace. En el otoño acompañaban mi periplo las hojas. En el verano el calor abrasaba. Las calles vacías eran un espacio interesante para divagar un poco, para interactuar con los quiltros o dialogar de vez en cuando con uno que otro colectivero. Algunas voces se levantaban en medio de este pueblo fantasma y solitario animados por la música, y se hacían presente a través del ‘hilo telefónico’ (un cliché muy representativo que aún manosean locutores locales).

Mientras el resto del pueblo dormía, los radio controladores de las –en aquel entonces- tres emisoras, programaban música para aquellos que no tenían panoramas dominicales definidos. Corrían los tímidos años noventa, cuando aún la televisión por cable era un lujo y el paseo dominguero fuera de las fronteras del poblado era un placer velado para muchos. Así las cosas, algunos soñaban con el lejano progreso y creían que las proféticas palabras de Washington Gómez convertirían a esta aldea algún día en una ciudad. Pero Huidobro, Vicente, fue más previsor hace algunos años y advirtió que una simple reunión de personas tenía que hacer un esfuerzo para llamarse pueblo y no ser confundido con una piara.

Melipilla no es un ente autónomo, por tanto no tiene cerebro ni tiene conducción. Es posible que por esta razón, y luego de años de esfuerzos que no nos constan, la aldea ha intentado acercarse al progreso por una vía errónea, intentando imitar el movimiento de ciudades que no podrían ser un ejemplo para nadie. Construyó un mall cuando ya las grandes urbes los habían convertido en elefantes blancos, devastó a su paso edificios patrimoniales y desplazó a sectores marginales a personas que no respondían al canon neo-patronal de los nuevos hacendados del villorrio.

El trazado (repito que no existen antecedentes concretos que indiquen que la construcción de la aldea responda siquiera a algún tipo de plan urbanístico), jamás pensó en las redes de comunicación que surgirían del posicionamiento de nuevos ejes de interacción; nunca –al menos manifiestamente- vimos que los árboles y los parques tuvieran una cabida sensata en el diseño de la ciudad-dormitorio.

En el siglo XIX el barón George-Eugene Hausmann desarrolló en París, durante el segundo imperio, modificaciones urbanísticas a escala humana que incorporaron tanto al centro como la periferia de la ciudad. Se trató de un plan de modernización, embellecimiento, de estrategia y desarrollo sin precedentes que logró consolidar a esta ciudad como una de las más bellas y amables del planeta. Los parisinos valoraron el gesto y el trabajo de sus autoridades, dando gracias por haberles ayudado a salir de una situación medieval y precaria, muy parecida a la miseria.

Todo cambió diametralmente. Han pasado años desde los días de radio y, mientras intento encontrar las palabras para cerrar esta columna, en el centro de Melipilla cientos de personas se desplazan incesantemente en medio de los galpones de concreto que amenazan con aplastar el horrendo “barrio cívico” de la ciudad. Un grupo de muchachos bailan capoeria mientras un transeúnte aún no logra entender por qué derribaron la vieja y patrimonial casona de la calle Vargas y se asombra porque grupos de interés y monopolios continúan gobernando en este lugar. Una mujer intenta acusarme de sentirme identificado con este pueblo. Le comento la historia de Hausmann y la debacle que ha asolado a Melipilla durante los últimos años. Niego rotundamente tener un vínculo afectivo con el poblado, pero reconozco que un sentimiento muy parecido al deber clama desde lo más profundo de la aldea donde nacieron mis padres. Una sólida convicción me insta a afirmar que donde nada hay hecho, aún está todo por hacer.

(1) Frase que inicia canción popular que se empeña en mitificar la historia Melipillana.