Sunday, May 06, 2007


Viento, detén tu camino (1)


Hace algunos años me gustaba colaborar con la radio Caricia, haciendo un programa cuando estudiaba en el colegio. Los domingo, sagradamente, a las dos y media de la tarde, caminaba por las calles desiertas del centro de Melipilla, para llegar a la emisora que se ubicaba en el edificio donde estaba también el cine Palace. En el otoño acompañaban mi periplo las hojas. En el verano el calor abrasaba. Las calles vacías eran un espacio interesante para divagar un poco, para interactuar con los quiltros o dialogar de vez en cuando con uno que otro colectivero. Algunas voces se levantaban en medio de este pueblo fantasma y solitario animados por la música, y se hacían presente a través del ‘hilo telefónico’ (un cliché muy representativo que aún manosean locutores locales).

Mientras el resto del pueblo dormía, los radio controladores de las –en aquel entonces- tres emisoras, programaban música para aquellos que no tenían panoramas dominicales definidos. Corrían los tímidos años noventa, cuando aún la televisión por cable era un lujo y el paseo dominguero fuera de las fronteras del poblado era un placer velado para muchos. Así las cosas, algunos soñaban con el lejano progreso y creían que las proféticas palabras de Washington Gómez convertirían a esta aldea algún día en una ciudad. Pero Huidobro, Vicente, fue más previsor hace algunos años y advirtió que una simple reunión de personas tenía que hacer un esfuerzo para llamarse pueblo y no ser confundido con una piara.

Melipilla no es un ente autónomo, por tanto no tiene cerebro ni tiene conducción. Es posible que por esta razón, y luego de años de esfuerzos que no nos constan, la aldea ha intentado acercarse al progreso por una vía errónea, intentando imitar el movimiento de ciudades que no podrían ser un ejemplo para nadie. Construyó un mall cuando ya las grandes urbes los habían convertido en elefantes blancos, devastó a su paso edificios patrimoniales y desplazó a sectores marginales a personas que no respondían al canon neo-patronal de los nuevos hacendados del villorrio.

El trazado (repito que no existen antecedentes concretos que indiquen que la construcción de la aldea responda siquiera a algún tipo de plan urbanístico), jamás pensó en las redes de comunicación que surgirían del posicionamiento de nuevos ejes de interacción; nunca –al menos manifiestamente- vimos que los árboles y los parques tuvieran una cabida sensata en el diseño de la ciudad-dormitorio.

En el siglo XIX el barón George-Eugene Hausmann desarrolló en París, durante el segundo imperio, modificaciones urbanísticas a escala humana que incorporaron tanto al centro como la periferia de la ciudad. Se trató de un plan de modernización, embellecimiento, de estrategia y desarrollo sin precedentes que logró consolidar a esta ciudad como una de las más bellas y amables del planeta. Los parisinos valoraron el gesto y el trabajo de sus autoridades, dando gracias por haberles ayudado a salir de una situación medieval y precaria, muy parecida a la miseria.

Todo cambió diametralmente. Han pasado años desde los días de radio y, mientras intento encontrar las palabras para cerrar esta columna, en el centro de Melipilla cientos de personas se desplazan incesantemente en medio de los galpones de concreto que amenazan con aplastar el horrendo “barrio cívico” de la ciudad. Un grupo de muchachos bailan capoeria mientras un transeúnte aún no logra entender por qué derribaron la vieja y patrimonial casona de la calle Vargas y se asombra porque grupos de interés y monopolios continúan gobernando en este lugar. Una mujer intenta acusarme de sentirme identificado con este pueblo. Le comento la historia de Hausmann y la debacle que ha asolado a Melipilla durante los últimos años. Niego rotundamente tener un vínculo afectivo con el poblado, pero reconozco que un sentimiento muy parecido al deber clama desde lo más profundo de la aldea donde nacieron mis padres. Una sólida convicción me insta a afirmar que donde nada hay hecho, aún está todo por hacer.

(1) Frase que inicia canción popular que se empeña en mitificar la historia Melipillana.

3 Commentarios:

Blogger Barbaridad ...

cuando me vas a dedicar un post?

(que patuda que soy, no?)

11:20 AM  
Blogger LaRoKoLA ...

Excelentes tus escritos, se disfrutan de verdad sus contenidos, Parabienes en cantidades industriales desde La Serena,

Besos,

Paz Carvajal López

www.larokola.blogspot.com

2:14 PM  
Blogger YHWH ...

Yo soy Melipillano, de la humilde alde, y veo con horror como nuestro lastimero y pequeño pueblo se trasforme en algo sin sentido, una cuidad sin orden y mucho menos con un prolijo cuidado del habitante común de Melipilla.
Comparto tu visión estimando coterreneo, mi pueblo necesita un progreso que no viene de la mano de algunos mesquinos que se juntan a tomar café en esa galpón horrible que todos llaman Mall.
Jorge Ahumada Plaza.

7:43 PM  

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