Melipilla televisión a color
Aunque no era una propuesta tan contundente, se extraña el canal melipillano. Encendí la tele hace un par de días y me enteré que ya no estaba. Hace poco más de una semana que veo un recuadro sobre negro donde avisan que lo sometieron a algo así como un ‘mantenimiento’. Inexplicablemente no encontré divertido el anuncio, a pesar de que no soy fan de la señora Carreño, ni de los lugares comunes de esos señores que animan su programa como si estuvieran en la radio. Tampoco de esos imperdonables “rostros”, con un ego grande y poca autocrítica. En fin. No fue divertido saber que Más tevé ya no existe.
Desde ese día, y casi por azar, la desaparición pasó a ser tema de conversación. Se rumoreaba que el canal había sido cerrado y que ya no tendríamos más la dicha de ver sus programas. Pensar el asunto se hacía insufrible. En el mundo hay organizaciones que luchan porque en un país como Venezuela, se restablezca la libertad de expresión. En nuestro país, los medios siguen controlados por un par de monopolios, ligados a intereses económicos tendientes a favorecer a la derecha política. En Melipilla pasa exactamente lo mismo. Realmente no es un escenario auspicioso. Cuando la verdad oficial está controlada por intereses particulares, quienes nos encontramos fuera quedamos un poco a merced.
Por esta razón, las experiencias comunitarias, las autogestionadas y las ideas creativas que intentan torcerle la mano a la censura, se agradecen en estos días. Después de algunos días de pesquisas, una persona muy cercana a Claudio Ramírez, el ideólogo, productor, director, genio y mentor de esta estación televisiva, me comentó que había vendido –cual You Toube o alguna mega corporación-, la fructífera idea de emisiones de programación local. No sé si triste es la mejor palabra, pero al menos fue rudo. Bajoneante. Penca. No sólo porque conocemos el esfuerzo notable de Claudio, el soñador, utopista, terco y tenaz que logró hacer que dos computadores lentium –y de esto hace por lo menos cuatro años-, pudieran llegar a transformarse, después de mucho esfuerzo, de trabajo y de pestañas quemadas, en un canal con una parrilla propia y con una interesante diversidad de contenidos. También afecta ver que la plata aún compra las ideas potentes para darse el gusto de convertirlas en fiascos desastrosos. Porque sabemos que, de ser cierto, no se tratará de un tema de administración, ni de ambiciones mezquinas.
La crónica de la muerte anunciada de lo que fue este proyecto no es parte de un simple agorero apocalíptico. Se trata de anticiparse a la inercia, de darle ventaja para que siga ejerciendo su influjo. Porque entendemos que no son pocos los interesados en tapar los hoyos por los cuales puede fugarse la verdad, y filtrarse la luz. Hablamos que en este localidad, es conocido el afán de controlar la voz de los sin voz. Como botón, vale mencionar la forma pérfida en la que han sido ocupados los diales de frecuencia modulada que la subsecretaría designó para que fueran usados por las radios comunitarias, las radios del pueblo, de la gente, con programación hecha por sus propias manos (les invito a visitar una iniciativa estimulante en: www.laradioneta.cl)
Pero basta de agoreros pesimistas. No confiaremos en el rumor. Jugaremos nuestras cartas apostando a lo que dice el letrero sobre negro que emite el canal. Queremos que la tele de Melipilla vuelva, pero esta vez renovada, fresca y con toda la fuerza. No nos importa que sean los mismos rostros de siempre, pero queremos de vuelta la felicidad de las personas, los espectadores que se ven reflejados en las cosas que ellos hablan. Haremos vista gorda si publicitan demasiado al mismo boliche tórrido y lumpen de uno de los dueños del pueblito, o si protegen demasiado los intereses de otros innombrables capataces. Porque en una aldea que es cada día más global, lo único que nos queda es buscar espacios donde ver reflejada nuestra realidad local.
Soñemos un poco: un nuevo canal local llegará para mostrar los hoyos de nuestras calles, pedirá la pasarela peatonal que Vicuña Mackena necesita, y dará cuenta a las autoridades de cuán urgente es tener al menos un tacho basurero por calle. Por cierto hay mucho más por decir. Los melipillanos quieren que su propia tele comente que su gente quiere vivir en un pueblo que, aunque es pequeño y arribista, al menos aspira a ser una ciudad pobre, pero honrada.
Desde ese día, y casi por azar, la desaparición pasó a ser tema de conversación. Se rumoreaba que el canal había sido cerrado y que ya no tendríamos más la dicha de ver sus programas. Pensar el asunto se hacía insufrible. En el mundo hay organizaciones que luchan porque en un país como Venezuela, se restablezca la libertad de expresión. En nuestro país, los medios siguen controlados por un par de monopolios, ligados a intereses económicos tendientes a favorecer a la derecha política. En Melipilla pasa exactamente lo mismo. Realmente no es un escenario auspicioso. Cuando la verdad oficial está controlada por intereses particulares, quienes nos encontramos fuera quedamos un poco a merced.
Por esta razón, las experiencias comunitarias, las autogestionadas y las ideas creativas que intentan torcerle la mano a la censura, se agradecen en estos días. Después de algunos días de pesquisas, una persona muy cercana a Claudio Ramírez, el ideólogo, productor, director, genio y mentor de esta estación televisiva, me comentó que había vendido –cual You Toube o alguna mega corporación-, la fructífera idea de emisiones de programación local. No sé si triste es la mejor palabra, pero al menos fue rudo. Bajoneante. Penca. No sólo porque conocemos el esfuerzo notable de Claudio, el soñador, utopista, terco y tenaz que logró hacer que dos computadores lentium –y de esto hace por lo menos cuatro años-, pudieran llegar a transformarse, después de mucho esfuerzo, de trabajo y de pestañas quemadas, en un canal con una parrilla propia y con una interesante diversidad de contenidos. También afecta ver que la plata aún compra las ideas potentes para darse el gusto de convertirlas en fiascos desastrosos. Porque sabemos que, de ser cierto, no se tratará de un tema de administración, ni de ambiciones mezquinas.
La crónica de la muerte anunciada de lo que fue este proyecto no es parte de un simple agorero apocalíptico. Se trata de anticiparse a la inercia, de darle ventaja para que siga ejerciendo su influjo. Porque entendemos que no son pocos los interesados en tapar los hoyos por los cuales puede fugarse la verdad, y filtrarse la luz. Hablamos que en este localidad, es conocido el afán de controlar la voz de los sin voz. Como botón, vale mencionar la forma pérfida en la que han sido ocupados los diales de frecuencia modulada que la subsecretaría designó para que fueran usados por las radios comunitarias, las radios del pueblo, de la gente, con programación hecha por sus propias manos (les invito a visitar una iniciativa estimulante en: www.laradioneta.cl)
Pero basta de agoreros pesimistas. No confiaremos en el rumor. Jugaremos nuestras cartas apostando a lo que dice el letrero sobre negro que emite el canal. Queremos que la tele de Melipilla vuelva, pero esta vez renovada, fresca y con toda la fuerza. No nos importa que sean los mismos rostros de siempre, pero queremos de vuelta la felicidad de las personas, los espectadores que se ven reflejados en las cosas que ellos hablan. Haremos vista gorda si publicitan demasiado al mismo boliche tórrido y lumpen de uno de los dueños del pueblito, o si protegen demasiado los intereses de otros innombrables capataces. Porque en una aldea que es cada día más global, lo único que nos queda es buscar espacios donde ver reflejada nuestra realidad local.
Soñemos un poco: un nuevo canal local llegará para mostrar los hoyos de nuestras calles, pedirá la pasarela peatonal que Vicuña Mackena necesita, y dará cuenta a las autoridades de cuán urgente es tener al menos un tacho basurero por calle. Por cierto hay mucho más por decir. Los melipillanos quieren que su propia tele comente que su gente quiere vivir en un pueblo que, aunque es pequeño y arribista, al menos aspira a ser una ciudad pobre, pero honrada.
