Monday, June 11, 2007


Un mundo al interior de otro



Después de las primeras dos horas esperando recibir la autorización para abordar un avión para regresar a Santiago de Chile, Ignacio recordó “Autopista del sur”, un conocido cuento de Julio Cortázar. En él cuenta la historia de un grupo de personas que quedaron atochados en un taco carretero insufrible, que se fue extendiendo por horas que casi no acaban. En medio de la congestión, los automovilistas desesperados por avanzar hacia su destino, comenzaron a interactuar entre ellos, tendiéndose lazos afectivos y creando nuevos vínculos en la medida en que pasaba el tiempo. La odiosa rutina se transformó, gracias a un sublime juego del azar, en un colorido espectáculo lleno de emociones.

Paradójicamente, ninguna ficción está tan lejos de la realidad. Lo que se describe en el relato de Cortázar no sólo es parte de lo que leyó este ciudadano chileno en su niñez. Parte de ello le ocurrió a Ignacio este fin de semana cuando quedó varado en el aeropuerto de Ezeiza, el principal terminal internacional trasandino. Los vuelos fueron suspendidos a causa de la espesa neblina y las malas condiciones climatológicas. Muchas personas como él quedaron, virtualmente, apresadas, en su interior. Esto generó un atochamiento insostenible, una aglomeración que llenó el aeropuerto, y que hizo colapsar a los sistemas logísticos y operativos con los que funciona este terminal. La forma ineficiente –y a ratos inepta- con que los altos mandos de esa institución enfrentaron la crisis, hicieron que las horas de espera por salir del país –para centenares de pasajeros de distintas nacionalidades- se tornara insostenible. La autopista de Cortázar –para este caso, el aeropuerto-, se convirtió en un microclima y en una pecera. Muchos de los pasajeros esperaron sus viajes recorriendo por horas (en el peor de los casos, más de treinta), los pasillos o las tiendas libres de impuestos intentando mitigar la fatiga generada por la falta de asistencia de parte de sus líneas aéreas.

El ser humano se acostumbra y se acomoda. El encierro y la incapacidad de desplazamiento obligaron a pernoctar a cientos de estos viajeros echados en el suelo sobre colchones improvisados, siendo el cartón el aislante térmicos más codiciados de todos. Norteamericanos, europeos, brasileños y peruanos compartieron el frío y la forma de dormir en que subsisten cientos de mendicantes en el gran Buenos Aires -a muy pocos kilómetros de este escenario de transición-. Al despuntar el día, la espera enrarecida entremezcló aún más a personas de distintas razas, credos y formas de ver el mundo; en un lugar que es tierra de nadie, en un virtual encierro tan preventivo como burocrático. Horas más tarde el la situación lentamente comenzaría a resolverse. Mientras tanto, afuera en la ciudad, un grupo de personas aún recorren el gran Buenos Aires recolectando cartones para sobrevivir. El oficio de ‘cartonero’ es validado socialmente. Seguramente muchos de los restos de caja que ocuparon los pasajeros de Ezeiza como cama en su noche de encierro, están siendo vendidos hoy por a alguno de los millares de ‘cartoneros’ argentinos para dar de comer a sus familias.

Ignacio, el hombre que leyó a Cortázar cuando niño, fue protagonista del encierro en el terminal aéreo. Recordar el relato le sirvió para dar un valor distinto a esta experiencia crítica, siendo ahora un adulto. Es posible que para muchos de sus eventuales compañeros de viaje y de espera, una cama, un vaso de agua, o una tasa de café tengan hoy un valor que no se puede pagar en alguna moneda conocida. Situaciones como la que vivieron los viajantes varados en la argentina derriban muros mentales, además de acortar las diferencias sociales, políticas, étnicas o económicas. Las barreras para reconocer al otro e interactuar con él se hacen ineficientes y precarias. Es posible que en situaciones complejas, la esencia humana se haga un poco más visible. Ignacio, hombre de negocios, volverá a pisar el mismo aeropuerto decenas de veces durante los próximos meses. No estamos claros si a vivir una experiencia similar a lo antes descrito. Después de todo sospechamos que no será fácil para él olvidar la niebla que cubrió de incertidumbre a una fría autopista del sur.

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