Sergio González Miranda, sociólogo:
Sergio González Miranda, sociólogo:
“La matanza de Iquique es un sacrificio-ritual que redime a la sociedad chilena”
A pocos días de conmemorarse los cien años de la “Masacre-obrera-pampina de la Escuela Santa María de Iquique”, el próximo 21 de diciembre, el sociólogo y profesor titular de la Universidad Arturo Prat, Sergio González, revisa los antecedentes sobre el origen y desarrollo del fenómeno del nitrato, su tecnología, los asentamientos humanos y el trabajo en las salitreras, los cuales terminaron en este dramático suceso histórico.
En “Ofrenda a una masacre. Claves e indicios históricos de la emancipación pampina de 1907” (recientemente publicado por editorial LOM), el autor explica la organización y las huelga obreras entendidas como un suceso natural, donde “el de 1907 es un hito más, el más emblemático pero no el único; ya teníamos en Tarapacá importantes sucesos en 1890, la huelga general de Iquique, 1891 la masacre de la oficina Ramírez, 1904, entre otros”, según indica.
¿Qué lo lleva a investigar sobre la masacre de Iquique?
- Los motivos son varios. El motivo académico tiene relación con mi estudio sobre el ciclo del salitre en el norte grande de Chile -programa de investigación que vengo realizando desde hace aproximadamente veinte años-, en el cual el año 1907 marca un punto de inflexión, siendo la masacre obrera-pampina su máxima expresión. El motivo personal es que soy iquiqueño y desde niño escuché relatos sobre la masacre, y alcancé a ver en el cementerio Nº 2 los restos de la fosa común donde fueron enterrados los muertos. La imagen de los heridos que se hicieron pasar por muertos y que fueron sacados en las carretas con destino a esa fosa común la escuché e imaginé muchas veces. Por ello, fue tan importante para mi incluir testimonios en este libro.
¿Cuál es, a su juicio, la relevancia que adquiere el próximo 21 de diciembre, en el contexto de la matanza pampina?
- La importancia es que estamos conmemorando un acto de solidaridad y entrega como pocas veces se puede observar en la Historia. Las generaciones futuras podrán apreciar cómo aquellos pampinos, que pudieron tomar la maleta chilena e irse con la camanchaca hacia otros pagos -por esos días corría voz que en Argentina estaban recibiendo trabajadores-; sin embargo, optaron por arriesgarse. En mi opinión lo sucedido el 21 de diciembre fue en cierta forma un sacrificio-ritual que redime a la sociedad chilena.
¿Por qué usted considera más relevante hacer un repaso interpretativo de los hechos, en vez de realizar un recuento historiográfico de los sucesos?
- Realicé una investigación detallada documental, periodística, testimonial y bibliográfica. Creo que ignoro muy pocos datos sobre este acontecimiento. Sin embargo considero que existen otros estudios, algunos de época, que han realizado un trabajo detallado sobre la huelga y posterior masacre. Mi aporte está en una interpretación de conjunto, donde el lector pudiera tener claridad sobre el marco general del ciclo del salitre previo a la masacre, incluso también posterior a ella. Desde un punto de vista más epistemológico-metodológico no me atrae la perspectiva positivista, empírico-analítica, que valora sólo al dato duro como fuente de la investigación histórica. Por mi parte prefiero una mirada más hermenéutica de los acontecimientos. Esta mirada más comprensiva me obligó a analizar otro tipo de textos como la poesía obrera, para entender la mentalidad de los pampinos de la época.
Usted le confiere una gran importancia a la organización, frente a la violencia, en el movimiento pampino. ¿Cómo define usted esta diferencia?
- Cuando es analizado puntualmente, el movimiento emerge como espontáneo, pues en pocos días se lograron movilizar primero a cientos y después a miles de personas en torno a una demanda bien argumentada, en un territorio muy extenso. Empero, cuando tenemos una miranda más longitudinal, sabemos que ello no fue tan espontáneo, pues en 1904 ya se habían organizado en Comités por oficinas, habían redactado pliegos de peticiones y se habían movilizado para recibir a la Comisión Consultiva que envió el presidente Germán Riesco.
¿Cuál es para usted la relevancia de esta frase: "El silencio de los muertos fue también el silencio de los vivos por años"?
- Es necesario saber escuchar los silencios, especialmente cuando se ha escrito sobre los muertos, sobre una masacre. La muerte es también una forma de escribir sobre el futuro, pues las generaciones que vienen interpretan una y otra vez el sacrificio realizado, sacando nuevas lecciones.
¿Por qué asevera en el texto que la matanza es la "culminación de un ritual"?
- La bajada a Iquique fue para los pampinos el inicio de un ritual, como la caminata andina de Wiracocha hacia el occidente (donde irá a morir para volver a renacer el ciclo eterno del tiempo y del espacio). Fue un ritual de solidaridad y esperanza, como lo dice la poesía de Francisco Pezoa, Canto de Venganza (más conocido como Canta a la Pampa).¿Murieron por ellos mismos? Creo que la respuesta sólo tiene sentido si la entendemos como un ritual de sacrificio que, insisto, aún nos redime, especialmente si pensamos en algunos actos egoístas que observamos cotidianamente en Chile.
Finalmente, ¿De qué forma la narración de estos sucesos pueden contribuir a la historia? y ¿qué lecciones puede aprender la historia de estos sucesos?
- La historia del salitre tiene una importancia no sólo económica, sino social y cultural. Esta debería ser un capítulo relevante en la Historia de Chile (y también de Bolivia, Perú e Inglaterra, entre otros países). Dentro de ese capítulo, un momento de inflexión clave es la masacre de la escuela Santa María de Iquique. Este suceso es equivalente, en la Historia Mundial de comienzos de siglo, a la huelga de Río Blanco en México en 1907, a la gran huelga del 1º de mayo de 1906 en París, el martes sangriento en San Francisco de 1907, entre otros hechos relevantes.
Publicada en Revista Ercilla. Edición 1ª quincena, Diciembre, MMVII. Por Jorge Andrés Palma.
“La matanza de Iquique es un sacrificio-ritual que redime a la sociedad chilena”
A pocos días de conmemorarse los cien años de la “Masacre-obrera-pampina de la Escuela Santa María de Iquique”, el próximo 21 de diciembre, el sociólogo y profesor titular de la Universidad Arturo Prat, Sergio González, revisa los antecedentes sobre el origen y desarrollo del fenómeno del nitrato, su tecnología, los asentamientos humanos y el trabajo en las salitreras, los cuales terminaron en este dramático suceso histórico.
En “Ofrenda a una masacre. Claves e indicios históricos de la emancipación pampina de 1907” (recientemente publicado por editorial LOM), el autor explica la organización y las huelga obreras entendidas como un suceso natural, donde “el de 1907 es un hito más, el más emblemático pero no el único; ya teníamos en Tarapacá importantes sucesos en 1890, la huelga general de Iquique, 1891 la masacre de la oficina Ramírez, 1904, entre otros”, según indica.
¿Qué lo lleva a investigar sobre la masacre de Iquique?
- Los motivos son varios. El motivo académico tiene relación con mi estudio sobre el ciclo del salitre en el norte grande de Chile -programa de investigación que vengo realizando desde hace aproximadamente veinte años-, en el cual el año 1907 marca un punto de inflexión, siendo la masacre obrera-pampina su máxima expresión. El motivo personal es que soy iquiqueño y desde niño escuché relatos sobre la masacre, y alcancé a ver en el cementerio Nº 2 los restos de la fosa común donde fueron enterrados los muertos. La imagen de los heridos que se hicieron pasar por muertos y que fueron sacados en las carretas con destino a esa fosa común la escuché e imaginé muchas veces. Por ello, fue tan importante para mi incluir testimonios en este libro.
¿Cuál es, a su juicio, la relevancia que adquiere el próximo 21 de diciembre, en el contexto de la matanza pampina?
- La importancia es que estamos conmemorando un acto de solidaridad y entrega como pocas veces se puede observar en la Historia. Las generaciones futuras podrán apreciar cómo aquellos pampinos, que pudieron tomar la maleta chilena e irse con la camanchaca hacia otros pagos -por esos días corría voz que en Argentina estaban recibiendo trabajadores-; sin embargo, optaron por arriesgarse. En mi opinión lo sucedido el 21 de diciembre fue en cierta forma un sacrificio-ritual que redime a la sociedad chilena.
¿Por qué usted considera más relevante hacer un repaso interpretativo de los hechos, en vez de realizar un recuento historiográfico de los sucesos?
- Realicé una investigación detallada documental, periodística, testimonial y bibliográfica. Creo que ignoro muy pocos datos sobre este acontecimiento. Sin embargo considero que existen otros estudios, algunos de época, que han realizado un trabajo detallado sobre la huelga y posterior masacre. Mi aporte está en una interpretación de conjunto, donde el lector pudiera tener claridad sobre el marco general del ciclo del salitre previo a la masacre, incluso también posterior a ella. Desde un punto de vista más epistemológico-metodológico no me atrae la perspectiva positivista, empírico-analítica, que valora sólo al dato duro como fuente de la investigación histórica. Por mi parte prefiero una mirada más hermenéutica de los acontecimientos. Esta mirada más comprensiva me obligó a analizar otro tipo de textos como la poesía obrera, para entender la mentalidad de los pampinos de la época.
Usted le confiere una gran importancia a la organización, frente a la violencia, en el movimiento pampino. ¿Cómo define usted esta diferencia?
- Cuando es analizado puntualmente, el movimiento emerge como espontáneo, pues en pocos días se lograron movilizar primero a cientos y después a miles de personas en torno a una demanda bien argumentada, en un territorio muy extenso. Empero, cuando tenemos una miranda más longitudinal, sabemos que ello no fue tan espontáneo, pues en 1904 ya se habían organizado en Comités por oficinas, habían redactado pliegos de peticiones y se habían movilizado para recibir a la Comisión Consultiva que envió el presidente Germán Riesco.
¿Cuál es para usted la relevancia de esta frase: "El silencio de los muertos fue también el silencio de los vivos por años"?
- Es necesario saber escuchar los silencios, especialmente cuando se ha escrito sobre los muertos, sobre una masacre. La muerte es también una forma de escribir sobre el futuro, pues las generaciones que vienen interpretan una y otra vez el sacrificio realizado, sacando nuevas lecciones.
¿Por qué asevera en el texto que la matanza es la "culminación de un ritual"?
- La bajada a Iquique fue para los pampinos el inicio de un ritual, como la caminata andina de Wiracocha hacia el occidente (donde irá a morir para volver a renacer el ciclo eterno del tiempo y del espacio). Fue un ritual de solidaridad y esperanza, como lo dice la poesía de Francisco Pezoa, Canto de Venganza (más conocido como Canta a la Pampa).¿Murieron por ellos mismos? Creo que la respuesta sólo tiene sentido si la entendemos como un ritual de sacrificio que, insisto, aún nos redime, especialmente si pensamos en algunos actos egoístas que observamos cotidianamente en Chile.
Finalmente, ¿De qué forma la narración de estos sucesos pueden contribuir a la historia? y ¿qué lecciones puede aprender la historia de estos sucesos?
- La historia del salitre tiene una importancia no sólo económica, sino social y cultural. Esta debería ser un capítulo relevante en la Historia de Chile (y también de Bolivia, Perú e Inglaterra, entre otros países). Dentro de ese capítulo, un momento de inflexión clave es la masacre de la escuela Santa María de Iquique. Este suceso es equivalente, en la Historia Mundial de comienzos de siglo, a la huelga de Río Blanco en México en 1907, a la gran huelga del 1º de mayo de 1906 en París, el martes sangriento en San Francisco de 1907, entre otros hechos relevantes.
Publicada en Revista Ercilla. Edición 1ª quincena, Diciembre, MMVII. Por Jorge Andrés Palma.
