María Oliva Mönckeberg, periodista:
En “El Negocio de las Universidades en Chile” (Random House Mondadori, 2007)”, su autora presenta una investigación a través de la cual plantea las implicancias ideológicas y políticas de este “negocio”, que impactan directamente en la formación de las nuevas generaciones.
Junto al escándalo de la carrera de Criminalística, de la UTEM, y la falta de campo laboral para sus estudiantes, se entreabre –según esta autora-, una situación compleja, cuyas implicancias “no sabemos cuales van a ser en el futuro”. “Una de las cosas que fui concluyendo en mi investigación es que el actual modelo educativo refuerza la inequidad. Existen brechas socioeconómicas, y éstas son reforzadas por la educación”, indicó Mönckeberg.
Para esta autora, la problemática está relacionada con el sistema social y con el fortalecimiento o el debilitamiento de la democracia. Negociar con los sueños de los estudiantes, genera muchas frustraciones, lo cual incrementa el desencanto por los asuntos públicos. “La mayoría de las familias chilenas se están endeudando para que sus hijos puedan entrar al sistema privado, ahora que hay nuevas fuentes de financiamiento. Muchos estudiantes se ven atrapados por un sistema que no se sabe hacia dónde los lleva”, agregó Mönckeberg.
¿Qué señal entregan, a su juicio, las grandes diferencias que presentan los recientes resultados de la Prueba de Selección Universitaria?
- La tendencia se sigue reafirmando: los que obtienen los mejores puntajes provienen de sectores socioeconómicos acomodados–altos pero, además, están muy adscritos a ciertos proyectos de sociedad, no sólo en lo económico, sino también en lo valórico. La inequidad sigue siendo una de las características de la educación en Chile en todos sus niveles.
A su juicio, ¿qué ventajas tiene este modelo de educación superior?
- Por un lado hay un aumento cuantitativo de las matrículas. Por ello muchos jóvenes que antes no llegaban a la universidad hoy llegan. Pero las preguntas que una se puede hacer es ¿a qué tipo de universidades llegan?, ¿qué tipo de educación obtienen?, ¿cómo se van formando?, ¿quiénes van a estar con el sartén por el mango y quienes no tendrán derecho a participar en la sociedad? y ¿qué perspectivas de trabajo tendrán el día de mañana?
¿Considera que existe una complicidad con la política pública al priorizar la oferta por sobre la calidad de la educación?
- Se ha descansado en el sector privado y éste es muy oscuro, porque en él ocurren demasiadas anomalías. En esas condiciones hay personas que lo que pretenden es tener más rentabilidad. Lo curioso es que las leyes dicen que las universidades deberían ser corporaciones sin fines de lucro, pero hay quienes ganan mucha plata. Para eso inventan fórmulas y resquicios que les permiten sacar las utilidades por otro lado. El tema de las inmobiliarias o sociedades que prestan servicios –hasta de mantención y aseo-, son clásicos. Lo concreto es que este es un negocio rentable, sobre todo para las privadas, porque no están invirtiendo en investigación. Aunque no son todas, porque es un grupo bastante heterogéneo. La norma les permite muchas exenciones.
¿Considera algún aporte por parte de estas entidades?
- A mi esto no me parece muy universitario. Una universidad, como una la entiende, es un lugar donde se hace investigación donde hay convivencia plural, donde se genera debate. Hay muchas de estas entidades que esos requisitos no los cumplen. No tienen centro de alumnos, ni federaciones de estudiantes. Eso sería lo que mínimamente los alumnos, que son los principales financistas, deberían obtener.
¿Qué opina de casos como el de la UTEM, y el de carreras sin campo laboral?
- La situación de la UTEM revienta cuando la universidad pierde el sentido de lo público. Hace dos años -por lo menos-, ya se sabía. A mi me tomó cuando recién estaba detonando, y aún está ocurriendo, por eso no le dediqué un capítulo. El tema revienta con la carrera de Criminalística, cuando los estudiantes se organizan y van al SERNAC. Esto es un absurdo –aunque es bueno que exista este servicio-, pero deben acudir porque el ministerio de educación no tiene las herramientas. La ley no se los da, porque estamos en un sistema de empate. Estos niños, en cuanto consumidores apelan, y logran el interés de los medios de comunicación y un canal expone este tema públicamente.
¿Qué se puede sugerir en este contexto tan desfavorable?
- Siempre que me hacen esa pregunta digo que no me siento con la capacidad para generar sola ideas de políticas públicas. Hay personas más calificadas para hacerlo. Lo que sí creo, como líneas gruesas, es que debe haber un debate más profundo sobre estas cosas. Cuando estaba con el libro anterior estaba inquieta, y sigo muy inquieta.
¿Cumplen algún rol las universidades del Estado?
- Lo importante para enfrentar los problemas de equidad y desigualdad, para que las brechas pudieran reducirse, para reducir la estratificación social es fortalecer a las universidades públicas y a las tradicionales. Viendo a muchas de las privadas, queda claro que se requiere un rol regulador más fuerte. La Universidad de Chile debe retomar su rol formador de la sociedad, con pluralismo y debate. Por eso para mi ha sido una opción hacer clases ahí. Ahí hay una esperanza.
